COMUNICADO ESTATAL CARAVANA A GRECIA

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Esta semana la “Caravana a Grecia, Abriendo Fronteras” regresaba a sus lugares de origen después de 10 intensos días de denuncia de las deplorables políticas migratorias que la Unión Europea lleva años perpetrando. Podemos considerar que ha sido una experiencia potente en distintos aspectos.
Primero, destacar lo positivo de llevar allí nuestra solidaridad internacionalista, tejiendo redes de apoyo mutuo para dar respuesta a la barbarie que pretende Europa y sus políticas criminales. Casi 300 personas de más de 20 ciudades unidas por una causa común, la de defender derechos para todas y todos. Por eso volvemos a gritar: Esto también es un genocidio.

Por otra parte, decir que esta iniciativa motivada por la rabia de la gente común pretende visibilizar el bloqueo de miles de personas en dicho país, sin olvidar que estas políticas vienen aplicándose desde hace décadas a lo largo de todo el continente europeo. Haciendo hincapié en lo que a nosotros nos toca más de cerca, que es la frontera sur.

Las concertinas que separan Grecia de Macedonia son las mismas que desde hace 20 años vienen cortando vidas en Ceuta y Melilla, las vallas son idénticas a las que bloquean nuestra frontera Sur, las pelotas de goma hieren y matan como en el Tarajal, la presencia policial y militar condenan a intentos desesperados que ponen en riesgo miles de vidas cada año, como también sucede en nuestras costas, donde desde 1988, cuando se encontró el primer cadáver arrastrado por las aguas, las muertes y desapariciones se cuentan por miles.
Durante nuestra estancia en Grecia hemos podido ser testigos de la inhumana situación a la que se somete a miles de personas que intentan acceder a la Europa fortaleza. Pudimos ver Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) -allí denominados centros de detención-, asentamientos de migrantes y campos gestionados por las fuerzas militares. En todos ellos constatamos el aislamiento y hacinamiento de estas personas, las nefastas condiciones higiénicas y pésima alimentación, ante lo que nuestros gobiernos pretenden que miremos hacia otro lado.

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No vamos a hacerlo. No podemos permitir que se normalice el uso de una ducha o una letrina cada 100 personas, que las familias lleven meses enteros comiendo comida fría porque no se les permite cocinar y tengan que depender de la caridad de los gobiernos que llega de la mano de algunas ONG. Que los baños químicos se limpien muy de vez en cuando y eso los convierta en auténticos focos de infección.

No podemos tolerar la presencia de miles de menores de edad sin escolarizar, sin un acompañamiento que les ayude a superar las experiencias vividas. Muchos y muchas de ellas solo han vivido situaciones traumáticas, bombardeos, huídas, pérdidas irreparables que se plasman en cada dibujo. Y Europa, la supuesta Europa de las libertades, les recibe con más violencia, con más indiferencia, con más dolor.

Tampoco podemos soportar la presencia de personas con enfermedades graves o terminales sin atender, sin siquiera paliativos para el dolor, o mayores, en edad avanzada, con enfermedades propias de la edad que en casi todos los casos siguen sin tratar.

Mención especial a la situación de las mujeres, la mayoría de ellas dobles víctimas en este periplo migratorio que les condena a abusos (cuando no violaciones), como así también del colectivo LGTBI , víctimas de un particular acoso, criminalización y violencia física.
Personas que padecen una especial violencia devenida de las múltiples agresiones de nuestras sociedades patriarcales. Violencias que se traducen también en cientos de mujeres embarazadas a quienes no se les garantiza un mínimo seguimiento de su embarazo, ni los cuidados del parto y post parto.

La Caravana demostró que se trata de tener voluntad política. En solo un mes movilizamos 5 autobuses que fueron puestos a disposición de las autoridades para traer personas refugiadas a nuestro país y reconocerles su derecho a asilo. Pero tampoco fuimos escuchadas. Llevamos la voz de una sociedad solidaria, comprometida, que no cesaremos en nuestro empeño de abrir nuestras fronteras.

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