Un chico joven del África negra.

Las estadísticas permiten trazar una semblanza de la persona que intenta, en muchos casos sin éxito, traspasar la temida frontera Sur.

Así, el 69% de las personas llegadas por el sur de España provienen de países subsaharianos, como Guinea Conakri, Costa de Marfil y Argelia y la inmensa mayoría de ellas son varones. Apenas el 10% son mujeres y el 8%, menores de edad. En lo que respecta a Ceuta y Melilla, durante 2016 descendió el número de llegadas de refugiados sirios en unos 5.200 aproximadamente. Y, mientras que en Melilla los saltos a la valla fronteriza se mantuvieron en niveles bajos, el panorama fue radicalmente distinto en Ceuta, donde en un solo día de diciembre se contabilizaron 428 entradas.

Las 295 personas que perdieron la vida en frontera Sur en 2016 se debieron a «las políticas de cierre de fronteras». Pese a todas las medidas tomadas y las inversiones multimillonarias, las políticas migratorias de España y la Unión Europa son un claro fracaso. Por lo menos si se mira desde la perspectiva de los derechos humanos y sobre todo desde el prisma de la palabra humanidad.

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